Turismo sostenible: la apuesta que puede marcar el futuro mundial

El turismo es una de las industrias que mueve más capital en todo el mundo. Según el informe de la Organización Mundial del Turismo (UNWTO)1, en el año 2019 se registraron 1.400 millones de turistas internacionales y se contabilizan entre 100 y 120 millones de puestos de trabajo vinculados2. Es un sector, por lo tanto, con un peso innegable en la economía mundial y, más particularmente, con una afectación directa a prácticamente todos los habitantes del planeta, ya sea de forma activa como viajeros o pasiva como locales.

  • El sector turístico pide regulación y responsabilidad

Dada su importancia, desde hace años son cada vez más los organismos, empresas y colectivos que piden un sistema de turismo sostenible que sea capaz de mantenerse en el tiempo y favorecer a la población. Todo apunta a que la industria seguirá creciendo en los próximos años y, si no cambia el modelo, aumentará al mismo ritmo el impacto negativo que genera. Actualmente todos estamos familiarizados con el concepto de sostenibilidad e incluso hemos adoptado ciertas conductas diarias que contribuyen a respetar el medio ambiente. Una actitud que cambia en mayor o menor medida cuando viajamos: dejar luces encendidas, reciclar, cuidar el espacio público, utilizar métodos de transporte más ecológicos, gastar el agua necesaria, utilizar menos plástico… Acciones que nos pueden pasar por alto cuando estamos de vacaciones y que, por sí solas, no generan impacto, pero que pueden suponer una gran problemática cuando las multiplicamos por 1.400 millones de personas.

En este contexto, y con la urgencia de cambiar el modelo turístico hacia una perspectiva más responsable, aparece el concepto de turismo sostenible, entendido como aquel que «satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades», como se describe en el informe Brundtland. Se tratará, pues, de minimizar el impacto negativo que genera el sector actualmente y maximizar los beneficios, principalmente desde tres grandes pilares: medioambiental, sociocultural y económico.

  • Reducir el impacto medioambiental para preservar el futuro

El turismo depende de la calidad del medio ambiente para sobrevivir y evolucionar, pero paradójicamente, es una de las principales actividades que lo perjudica. Construcción de infraestructuras como aeropuertos y carreteras, sistemas de transporte altamente contaminantes por tierra, mar y aire, creación de equipamientos y complejos turísticos como restaurantes, tiendas, campos de golf o zonas deportivas son ejemplo del impacto negativo que supone para cualquier región. Todo esto también pone en peligro la fauna y flora de la zona y en los últimos años ha agravado la situación de cientos de especies, especialmente marinas, que no han soportado los cambios que la contaminación humana ha provocado en su hábitat natural.

Paralelamente, ha sido gracias al turismo que algunas zonas naturales se han convertido en espacios protegidos o bien se tiene un cuidado especial orientado a la preservación del espacio para el futuro. Este es el impacto positivo por el que debe apostar el turismo sostenible, conseguir el mantenimiento y cuidado de los espacios, tanto naturales como urbanos, por parte de los organismos gobernantes y favorecer así tanto a los ciudadanos locales como a los futuros visitantes.

Controlar el impacto sociocultural y apostar por la riqueza de la diversidad

 

La voluntad de viajar a menudo viene motivada por la inquietud de conocer otros países, con todo lo que ello implica: cultura, lengua, comida y costumbres. Se busca la diversidad dentro de la globalidad, y esto impulsa el respeto, la tolerancia y el conocimiento por ambas partes, pero especialmente desde el punto de vista visitante. Para el turismo sostenible es indispensable esta preservación cultural, pero sobre todo lo es el respeto por esta. Garantizar una experiencia de valor, en este sentido, debe suponer garantizar la riqueza sociocultural.

Un turismo no planificado, más allá de ser una molestia para los habitantes locales, puede provocar consecuencias nefastas en su vida y calidad de vida, un hecho que algunas zonas de Cataluña ya han vivido de primera mano en términos de gentrificación, es decir, un aumento desmesurado de los precios de las viviendas y terrenos que obligan a los ciudadanos a buscar alternativas más económicas, dejando paso a aquellos que pueden invertir. Un hecho que en algunas ocasiones puede no tener relación directa con el turismo, pero que sin duda ha agravado la situación.

El aumento de los precios de los productos en zonas turísticas es otra de las causas que desestabiliza a los locales, obligándolos a asumir unos precios muy por encima de los estándares que podrían encontrar en cualquier otra calle de la ciudad no transitada por turistas. En el caso de Barcelona, ​​la crisis del coronavirus obligó a muchos restaurantes de zonas turísticas a rebajar los precios hasta equipararse a los del resto de la ciudad, mostrando así la guerra de precios que supone la industria del turismo. Evitar esto a través de políticas reguladoras no solo protegería a los ciudadanos locales, sino que también aseguraría a los turistas que se está pagando el precio justo por el producto.

  • Impacto económico positivo: invertir en las personas

Desde un punto de vista económico, es lógico que, como industria, el turismo debe proporcionar beneficios a la zona en cuestión, pero el reto es hacerlo de forma equitativa y sostenible. De nada servirá mejorar la facturación si esto no crea un impacto positivo en la zona de acogida. Es decir, para que tenga un beneficio real, debe suponer una ventaja para todas las partes implicadas, y si se gestiona de forma eficiente y controlada, el turismo puede tener el gran poder de enriquecer a la población a través de la creación y mantenimiento de puestos de trabajo, sean directos o indirectos.

Contrariamente, algunas multinacionales, lejos de aplicar un sistema de turismo sostenible optan por hacer todo lo contrario, la llamada «fuga». Son modelos de negocio donde el dinero generado no se queda en el país de acogida ni suponen un beneficio para este, por ejemplo en el caso de hoteles con un régimen de todo incluido, en el que los clientes no se mueven del recinto, con lo cual no generan impacto positivo en la economía de la zona. Sí que generan impacto, sin embargo, de carácter negativo en cuanto a impuestos, ya que las infraestructuras necesarias para acoger el turismo a menudo se financian a través de esta vía. Habrá, pues, que poner en la balanza el impacto que genera el turismo en la zona y el coste que supone para la población. Si no existe este equilibrio, seguramente nos encontramos ante un sistema poco sostenible y que, por tanto, habrá que remodelar.

El turismo, al fin y al cabo, es responsabilidad de todos, ya que todos en algún momento hemos estado implicados. Hay acciones que dependen únicamente de la responsabilidad y el compromiso individual de apostar por un modelo de vida sostenible, también cuando viajamos. La otra parte de la gestión, y la de más impacto, corresponde a las organizaciones privadas y organismos públicos que deberán planificar el turismo de los próximos años con una premisa clara: una apuesta por la sostenibilidad será una apuesta por el futuro.

Equip Editorial
  1. Francesc Nolla says:

    Suposo que aquest article és una simple descripció o introducció als problemes i virtuts del turisme. És o ha estat el meu gremi fins ara.
    Però confesso que m’han esgarrifat algunes afirmacions. La principal, parlar de regulació de preus. No m’esperava afirmacions com aquesta en la web d’un banc.

    • Laura Bunyol Bartrina says:

      Hola Francesc, gràcies pel comentari. El nostre objectiu és que la nostra comunitat, que esperem que sigui tan gran com sigui possible, es beneficiï no només dels productes que, aviat, podrem oferir, sinó que realment es pugui beneficiar de tots els aspectes relacionats amb l’economia. Som conscients que el sector del turisme és molt important per l’economia, sabem que en general i més en temps de crisi, si no està ben gestionat i controlat, pot derivar en maldecaps per ambdues parts: els turistes i els locals. Benvingut a la Plaça!

      Hace 1 mes
  2. Manel Miquel Martinez says:

    Com mes llegeixo aquets articles mes me’n don compte de lo inportan que es està ben informat. Molt bon article .

    • Miriam Frías says:

      Totalment cert, i és que al cap i a la fi la informació és poder, sigui a l’àmbit que sigui. Gràcies per les teves aportacions, Manel!

      Hace 1 mes
  3. alicia Coiduras Charles says:

    M’agradst llegir aquest articke del turisme, aquest turisme des, de la visió de la sostenibilitat però no unicament de l’economia i del medi ambient, també i important del cultural
    Bon article

  4. Sergi Zamora Sola says:

    Polítiques reguladores a la restauració sobre productes com el ví, l’aigua, refrescs en els que carreguen moltes vegades mes d’un 100%.

    • Miquel Àngel Burgos Fradeja says:

      Moltes gràcies pel teu comentari, Sergi. Ens veiem a La Plaça!

      Hace 2 meses
  5. Mònica Cornudella says:

    Com sempre, aconseguir un bon equilibri entre el medi ambient, l’economia i la societat, no és fàcil, però és ben cert que la crisi del coronavirus ens brinda una nova oportunitat per intentar-ho, aprofitem-la! Bon article, gràcies

Deja una respuesta